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Un modo de vida

Desde que el tiempo es tiempo la religión ha sido una fuerza poderosa de transformación social y personal. Tanto por la nueva vida de los creyentes como por las comunidades diferenciadas a que ha dado lugar, la Fe Bahá'í constituye un ejemplo preclaro de esta regla.

El fin primario de la vida es conocer y adorar a Dios, y contribuir a la creación de una civilización en continuo progreso. Los bahá'ís procuran cumplir con este propósito realizando todo un abanico de actividades personales, familiares y comunitarias.

La familia constituye, según Bahá'u'lláh, la base de la sociedad. Kimiko Schwerin cree, por ejemplo, que su matrimonio ejemplifica la unidad de los pueblos. En la sociedad tradicional japonesa casarse con un extranjero es un tabú no escrito. En cierta ocasión, a comienzos de los 70, un japonés de mediana edad se levantó y se acercó a ella para abofotearla.

" Los pueblos del mundo de cualquier raza o  relgión derivan su inspiración de una sola fuente celestial y son los súbditos de un solo Dios ". --Bahá'u'lláh

"El hecho -afirma Kimiko Schwerin- se debió a que viajaba con un extranjero". En aquellos días existía un prejuicio muy intenso hacia los matrimonios internacionales. Casarse con un extranjero no se consideraba decente".

"Pero no me sentí en modo alguno avergonzada. Senti pena por el señor, víctima de su prejuicio. Siendo bahá'í creo que un matrimonio internacional es algo perfectamente legítimo".

Los Schwerins creen que su matrimonio sirve para ilustrar el tipo de sensibilidad hacia otras culturas que un matrimonio internacional puede fomentar. "Puesto que la Fe Bahá'í abarca a todas las razas y procedencias, hacemos hincapié en evitar los conflictos que normalmente sobrevienen cuando un japonés se casa con un extranjero", afirma Kimiko.

"Por ejemplo, Kohn procede de una familia cristiana y yo de una familia budista". La cuestión de en qué religión debe educarse a los niños representa un problema para un buen número de matrimonios mixtos. Dado que nosotros creemos en la unidad de las religiones, hemos educado a nuestros niños para que sientan aprecio por todas las religiones".

Kimiko Schwerin, además de ser una mujer de negocios con éxito, es también una activa defensora de la igualdad de la mujer. Sus frecuentes viajes alrededor de Japón y países vecinos tienen como objeto la promoción de este principio y de otros ideales bahá'ís.

La labor que tanto Primo Pacsi como otros bahá'ís de Laku Lakuni desarrollan en una aldea remota y pobre del altiplano boliviano representa otro ejemplo de cómo los bahá'ís procuran servir al conjunto de la sociedad. De ello es testigo el jardin de infancia y el invernadero que han levantado.

El jardín de infencia, abierto a todos los niños de Laku Lakuni, facilita a los pupilos una ayuda especialmente necesaria en esa etapa de su existencia, la más importante según numerosos especialistas en desarrollo infantil. Aunque el pueblo cuenta con una escuela pública, los niños en edad preescolar carecen de atención adecuada. En consecuencia, una vez escolarizados, sus resultados tienden a ser malos desde el comienzo, lo que marcará una pauta de fracaso escolar para el resto de sus vidas.

En el jardín de infancia bahá'í, se pone el acento en actividades de grupo -actividades sencillas como cantar a coro-, y el resultado es significativo. "Hay una diferencia -explica Pacsientre los niños que han pasado por el jardín y los que han entrado en la escuela directamente. Los que han ido al jardín suelen entender al maestro inmediatamente. Tal y como éste ha podido notar, los que han asistido al jardín aprenden con mayor rapidez".

El jardín es pura sencillez. Con Pacsi como maestro principal (la mayor parte de su tiempo la ofrece desinteresadamente), y algunas donaciones de los padres por toda ayuda, las clases suelen celebrarse en una casa de adobe situada en el centro de la aldea y duran sólo unas pocas horas del dia.

"Al principio los pequeñuelos no se atrevían a venir", afirma Pacsi, quien abrazó la Fe Bahá'í a mediados de los ochenta. "No querían estar en grupo; pero ahora les encanta venir a cantar juntos".

Ahora dicen "Yo, yo, yo" siempre que les enseño un número o les hago una pregunta. Tales cosas están relacionadas, ya que Babá'u'lláh nos enseña que debemos educar a nuestros hijos y que debemos colaborar entre todos".

El invernadero solar es otro de los logros de Pacsi y de los demás bahá'ís de la aldea. Concebido y diseñado por el Centro de Estudios Medioambientales Dorothy Baker de Cochabamba, un centro de investigación bahá'í situado a unos doscientos kilómetros, el invernadero permite que las familias de Laku Lakuni y otras comunidades de los altiplanos cultiven frutas y verduras propias de otras altitudes.

"Nos encanta el invernadero" -afirma Pacsi, el primero que construyó uno de ellos-. "Sin él nos sería imposible obtener verduras, ya que no tenemos dinero para comprarlas. Pero con el invernadero conseguimos verduras con las que podemos hacer tortillas de cebolla y tomate. Mi hijito no sabía siquiera qué eran las verduras. Ahora recolecta los tomates y se los come allí mismo; sabe que si plantas una simiente y la alimentas, dará frutos".

" El Médico Omnisciente tiene puesto Su dedo en el pulso de la humanidad. Percibe la enfermedad y en Su infalible sabiduría prescribe el remedio. Cada época tiene su propio problema y cada alma su aspiración particular. El remedio que el mundo necesita para sus aflicciones actuales no puede ser nunca el mismo que el que pueda requerir una edad siguiente. Preocupaos fervientemente de las necesidades de la edad en que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias requisitos ". --Bahá'u'lláh

La composición social de las comunidades bahá'ís es muy variopinta. Los bahá'ís no pretenden aislarse del mundo. Bahá'u'lláh alienta a que los bahá'ís se mezclen con sus congéneres. De ahí que lleven una vida que -salvo por cierto compromiso con determinados principios espirituales y sociales- no desentona de su entorno.

La diversidad social no impide que los bahá'ís mantengan su unidad mediante un sistema de consejos elegidos libremente a nivel local, nacional e internacional. Es el caso de la Asamblea Espiritual Local, compuesta de nueve miembros y elegida cada año. [Véase págs. 42-44].

De los bahá'ís se espera que obedezcan las leyes civiles en todo momento y que sean leales a sus respectivos gobiernos. Pueden aceptar puestos administrativos, pero no así cargos o responsabilidades políticas.

Cuando Stanlake Kukama empezó a investigar las enseñanzas de Bahá'u'lláh, allá por los años 50, "odiaba a los blancos". Era el Secretario Local del Congreso National. "para mí todos los blancos eran opresores".

Con tal actitud no le fue fácil aceptar al principio las enseñanzas de Bahá'u'lláh, cuyo énfasis en la unidad de la humanidad y en la necesidad de eliminar el prejuicio racial conlleva no sólo que los blancos deban aceptar a los negros como a sus semejantes y amigos, sine que requiere que los negros aprendan a convivir, e incluso amar, a los blancos.

Kukama se convenció finalmente de que esta vía -y no la confrontación política- podría conducir a un mundo mejor. Tras aceptar la Fe Bahá'í, se hizo maestro. Desde entonces, su trabajo ha ido dirigido a construir una comunidad armoniosa y diversa capaz de, llegado el momento, demostrar que el encuentro de personas de todas las razas, además de realizable, es un encuentro alegre y fiel reflejo de la realidad de la unidad del género humano.

La diversidad de la Comunidad surafricana de hoy día abarca prácticamente a todas las razas, grupos étnicos y tribus del país. Cerca de un 90% de los 7.500 bahá'ís de Suráfrica no son blancos, proporción cercana a la del conjunto de la población. Los bahá'ís se encuentran esporcidos por toda Suráfrica y cuentan con comunidades locales en alrededor de 150 ciudades y países.

"La causa de la lucha que se da en Suráfrica reside en los 40 años de apartheid y su énfasis en la separación étnica", afirma Kukama. "Pero en la comunidad bahá'í todos somos uno, sea cual sea la tribu a raza de donde procedamos. Habrá un día en que el mundo sea un solo mundo, ésa es mi visión del hombre; reunión, no separación".

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" Texto tomado de Los Bahá'ís, publicación de la Comunidad Internacional Bahá'í ".


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Foto de la pagina 11

Stanlake Kukama ha trabajado desde l 95O como bahá'í para promover la armonía racial en Suráfrica. Es profesor retirado y en la actualidad reside en Bophuthaswana.

Foto de la pagina 12

Para los bahá'ís la vida tiene como objeto conocer y adorar a Dios,  y contribuir a la o creación de una civilización en continuo prog reso.  En la foto, Jennifer Fong con su grupo de niños de cuatro años en la  Escuela de las Naciones, una Escuela Bahá'í de Macao.

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La Asamblea Espiritual Locol de Johannesburgo, Suráfrica.

 

 


 

 

 

 

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