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«Las rivalidades nacionales, odios e intrigas cesará(...)» |
EN LA
DÉCADA DE 1930 LA VISIÓN DEL NUEVO MUNDO FUE RESUMIDA POR SHOGHI EFFENDI EN UNA CARTA FRECUENTEMENTE CITADA QUE IBA DIRIGIDA A LOS BAHÁ'ÍS
DE OCCIDENTE
La unidad del género humano, tal como la vio Bahá'u'lláh,
conlleva el establecimiento de una mancomunidad mundial de naciones en la que todas las
razas, credos, naciones y clases estarán estrecha y permanentemente unidos, y en la que
la autonomía de los estados miembros, así como la libertad e iniciativa individual de
las personas que los componen, serán salvaguardadas de forma definitiva y completa. Hasta
donde nuestra visión alcanza, esa mancomunidad mundial debe consistir en un poder
legislativo mundial, cuyos integrantes, en calidad de fideicomisarios de la humanidad,
habrán de controlar todos los recursos de las naciones integrantes, y habrán de
introducir cuantas leyes sean requeridas para regular la vida, satisfacer las necesidades
y reajustar las relaciones de todas las razas y pueblos.
Un poder ejecutivo, respaldado por unas Fuerzas internacionales,
llevará a cabo las decisiones correspondientes, ejecutará las leyes aprobadas por el
legislativo, y resguardará la unidad orgánica del conjunto de la mancomunidad. Un
tribunal mundial juzgará y emitirá el veredicto final en todas las disputas que surjan
entre los varios elementos constituyentes de este sistema universal.
Un mecanismo de comunicación mundial abarcará el planeta entero,
libre de trabas y restricciones nacionales, y funcionará con maravillosa rapidez y
regularidad perfecta. Una metrópolis mundial actuará como el nervio central de una
civilización planetaria en cuyo foco habrán de converger las fuerzas unificadoras y de
cuyo ser habrán de irradiarse sus fuerzas
vivificadoras. Se inventará, o bien se escogerá de entre los ya existentes, un idioma
mundial, que habrá de ser enseñado en las escuelas de todas las naciones federadas, para
que sirva como idioma auxiliar del idioma materno. Un sistema común de escritura, una
literatura mundial, un sistema uniforme y universal de moneda, pesos y medidas
simplificará y facilitará el trato y comprensión entre las naciones y razas de la
humanidad.
En una sociedad tal, la ciencia y la religión, las dos fuerzas más
poderosas de la vida humana, se reconciliarán, colaborarán y desarrollarán en armonía.
Bajo tal sistema, la prensa, al tiempo que habrá de dar completo aliento a la expresión
de las convicciones y perspectivas diversas de la humanidad, dejará de estar manipulada
arteramente por intereses creados, privados o públicos, y quedará liberada de la
influencia de pueblos y gobiernos contendientes. Los recursos económicos del mundo serán
aprovechados y empleados por completo, sus mercados se coordinarán y desarrollarán, y la
distribución de sus productos será regulada equitativamente.
Las rivalidades, odios e intrigas nacionales cesarán, y la animosidad
y prejuicio raciales se verán reemplazados por la amistad, la colaboración y la
comprensión racial. Las causas de la contienda religiosa serán removidas para siempre,
las barreras y restricciones económicas serán del todo abolidas, y la distinción
desordenada entre las clases será borrada. La pobreza, por un lado, y las grandes
acumulaciones de riquezas, por otro lado, desaparecerán.
Las enormes energías que se disipan y malgastan en la guerra, sean
económicas o políticas, se dedicarán a fines tales como ampliar el ámbito de las
invenciones humanas y del desarrollo técnico, aumentar la productividad de la humanidad,
erradicar la enfermedad, ampliar las investigaciones científicas, elevar los niveles de
la salud física, aguzar y refinar el cerebro humano, explotar los recursos no usados e
insospechados que alberga el planeta, prolongar la vida humana, y dar curso a cualquier
medio que estimule la vida intelectual, moral y espiritual de toda la especie humana.
Un sistema federal mundial, con poder sobre la tierra entera y en uso
de una autoridad indiscutible sobre sus recursos inimaginablemente inmensos; un sistema
que aunará e incorporará los ideales tanto de Oriente como de Occidente, exonerado de la
maldición de la guerra y de sus miserias, y entregado a aprovechar todas las fuentes de
energía del planeta; un sistema en el que la Fuerza será hecha sierva de la Justicia,
cuya vida será sostenida por el reconocimiento universal de un solo Dios y por la lealtad
a una Revelación común, tal es la meta hacia la que se mueve una humanidad impulsada por
las fuerzas unificadoras de la vida.
«
Resolved vuestras diferencias y reducir vuestros armamentos, para que el fardo de vuestros
gastos se vea aligerado, y vuestras mentes y corazones logren tranquilizarse. Curad las
disensiones que os dividen, y no necesitaréis valeros de armas, salvo para lo que
requiera la protección de vuestras ciudades y territorios ». --Bahá'u'lláh |
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" Texto tomado de Los
Bahá'ís, publicación de la Comunidad Internacional Bahá'í ". |
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