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Hacia un Nuevo Orden Munidal

BAHÁ'U'LLÁH  Y SU VISIÓN DEL FUTURO

Los bahá'ís creen que los impresionantes cambios experimentados en lo que va de siglo -y los que ahora mismo se producen- han cobrado impulso con la venida de un nuevo Mensajero de Dios y están influidos por la luz de una nueva Revelación.

Hace pocos años la frase «nuevo orden mundial» volvió a irrumpir en el vocabulario común.

En 1988, el entonces Presidente de la Unión Soviética Mijail Gorbachov hablaba ante las Naciones Unidas sobre la necesidad de arbitrar un «consenso universal» al paso que la humanidad se dirigía hacia «un nuevo orden mundial». En 1990, el entonces presidente de los Estados Unidos de América George Bush aprovechaba el término para describir el nuevo nivel de colaboración alcanzado entre las naciones con posterioridad a la Guerra Fría, sobre todo con relación a la actuación de Naciones Unidas al repeler la agresión producida en el Golfo Pérsico.

Desde entonces la frase ha calado en los círculos académicos y periodísticos. Los dirigentes mundiales lo han hecho suyo. El término viene a configurar las discusiones sobre lo que puede ser la organización social y política de nuestro planeta. A pesar de estas discusiones, el nuevo orden mundial carece todavía de definición real. Que ha surgido es evidente; los detalles, no obstante, sólo pueden esbozarse.

Para los bahá'ís la expresión «nuevo orden mundial» posee un significado nítido y especial. Hace más de 100 años, Bahá'u'Iláh empleó la frase para referirse a una serie de cambios trascendentales en los dominios político, social y religioso de la vida mundial. «Los signos de convulsiones y caos inminentes pueden discernirse ahora, por cuanto el Orden prevaleciente se ha demostrado lamentablemente defectuoso», escribió. «Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo desplegado en su lugar».

Los bahá'ís creen que los dramáticos cambios experimentados en lo que va de siglo -y los que ahora mismo se producen- han cobrado impulso con la venida de un nuevo Mensajero de Dios y están influidos por la luz de una nueva Revelación. Puede que decir esto suponga un gran acto de fe. Pero, si Dios existe y Su representante caminó sobre la tierra hace un siglo, es evidente que los efectos de Su presencia alcanzan mucho más allá del horizonte de Su vida física.

Así pues, para los bahá'ís la idea de un nuevo orden mundial comprende mucho más que la reorganización política, la proclamación de una visión a unos pocos dirigentes mundiales, o las construcciones jurídico-legales de unos cuantos académicos. Antes bien, se trata del «Sistema» descrito por Bahá'u'lláh, es decir, de la implantación de Sus principios y enseñanzas. El nuevo orden mundial, como la propia Fe Bahá'í, abarca todo el arco de actividades humanas, desde la esfera social y política, hasta nuestras relaciones cotidianas en comunidad, sean de carácter cultural, espiritual o económico. En fin, supone un reordenamiento interno y externo.

Los bahá'ís trabajan por adelantar la realización de esta gran visión. En esencia representa el cumplimiento de la visión bíblica de Isaías, del tiempo cuando los hombres «forjarán de los espadas arados, y de las lanzas podaderas ( .. ) ni nunca más se ejercitarán en la guerra». Es aquello por lo que los cristianos han suspirado durante siglos cuando, al recitar la Oración del Señor, dan testimonio de la llegada del Reino de Dios: «Venga a nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo».

También es el sentido que posee la promesa islámica según la cual la luz de la justicia de Dios romperá un día sobre la tierra entera: «No verás en ella ni montes ni hondonados».

Las semillas de esta histórica transición pueden apreciarse en los cambios y transformaciones anunciadores del nuevo orden mundial, y se hacen patentes en una miríada de formas: la tendencia hacia la equiparación de la mujer y de las minorías, con su siglo de existencia; la tendencia, también marcada desde hace un siglo, hacia una mayor justicia económica, con la consiguiente eliminación de las tradicionalmente inmensas diferencias de clase y riqueza; en fin, la centenaria tendencia hacia la interdependencia global.

Bahá'u'lláh previó estas tendencias. Habló de la inminente transformación de la humanidad y promulgó el armazón de los principios y disposiciones que habrían de promover el progreso social en esta nueva época.

Muchos grandes idealistas promueven hoy principios e ideas semejantes; y en efecto, tal como ya se ha hecho notar, las enseñanzas sociales de Bahá'u'lláh son sinónimas de la definición moderna de una sociedad progresiva.

Sin embargo, la mera promulgación de un nuevo conjunto de ideas sociales no es suficiente por sí misma para transformar el mundo y a producir el nuevo orden mundial, como se ha visto con la quiebra del comunismo.

El nuevo orden mundial sólo puede construirse sobre la base de una comprensión profunda de la realidad espiritual de la persona, una realidad que descansa en la mismísima esencia de nuestros seres.

El mundo espiritual constituye la fuente de esas cualidades humanas que engendran la unidad y la armonía, que aportan comprensión y agudeza, y que hacen posible empresas de colaboración. Entre tales cualidades se encuentra el amor, el valor, la visión, el sacrificio y la humildad. Estas cualidades, en esencia espirituales, forman el cimiento invisible pero esencial de la sociedad humana. Al considerar los vínculos que unen las cualidades espirituales y el desarrollo social, vale la pena recordar el modo como los grandes maestros religiosos han guiado a la humanidad en el pasado. El código moral de los Diez Mandamientos y la Regla Dorada (querer para otros lo que uno desea para si) -ambos presentes en las enseñanzas de casi todas las tradiciones religiosas- son una muestra representativa y hacen las veces tanto de directrices morales como de llamamiento a la superación espiritual. En todas partes su influjo ha calado en la conciencia humana y ha reestructurado las culturas. Incluso para el no creyente el valor de enseñanzas semejantes resulta evidente.

En el pasado, las enseñanzas espirituales se concentraban primordialmente en los actos de la persona, o bien en establecer armonía en grupos relativamente pequeños. Hoy en día, nuestra forma de ver la espiritualidad debe abarcar no sólo la vida personal y grupal, sino también el progreso colectivo de la humanidad en su conjunto. De hecho, precisamente porque la humanidad ha entrado en su etapa de madurez es por lo que las profecías de antaño relativas a una era de paz y justicia empiezan ahora a hacerse realidad.

El mensaje esencial de Bahá'u'lláh es la llamada a la unidad; su audiencia, el mundo entero: «Que vuestra visión sea mundial, antes que confinada a vuestras propias personas». Pasado un siglo desde Su muerte, este llamamiento ha comenzado a cobrar forma en una comunidad que es en sí misma un microcosmos del género humano y que está establecida en casi todos los rincones del globo.

El surgimiento de la comunidad bahá'í ofrece una prueba convincente de que la humanidad, con toda su diversidad, puede aprender a vivir y trabajar como un solo pueblo en una sola patria. Asimismo, aporta un poderoso argumento a favor de un examen serio y desapasionado de las pretensiones de la Figura extraordinaria cuyo espíritu las creó y sostiene.

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" Texto tomado de Los Bahá'ís, publicación de la Comunidad Internacional Bahá'í ".


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Foto de la pagina 72

Los niños de las escuelas bahá'ís de todo el mundo participaron con sus pinturas y dibujos sobre el medio ambieme en un proyecto patrocinado por la Comunidad Internacional Bahá'í todo ello con motivo de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro. El dibujo de la izquierda, realizado por la niña de diez años Manaj Subba, estudiante de la Escuela Bahá'í «Esplendor» (situada en Bengala Occidental, India), figuraba en las tapas del libro en que se recogían las muestras más representativas. El libro, publicado especialmente para la Cumbre de Río, se titulaba Tomorrow Belongs to the Children («El mañana pertenece a los niños»).

Foto de pagina 74

Entrega de la Declaración de Paz por los miembros de la Asamblea Espiritual de Nabala, Zambia, al Jefe de Estado, Kenneth Kaunda.

 

 


 

 

 

 

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