unque los recursos de la Comunidad Bahá'í son limitados en
comparación con los medios de que disponen las instituciones de religiones más antiguas,
y ya no se diga los gobiernos y organismos internacionales, tal hecho no ha sido
impedimento para que estos últimos años se haya emprendido toda una serie de esfuerzos
destinados a hacer frente a los problemas del subdesarrollo y degradación medioambiental.
Lo significativo del empeño no radica ni en la cuantía ni en la
escala, sino en la novedad y esperanza que su modelo ofrece al mundo.
De acuerdo con los datos más recientes, las comunidades bahá'ís de
todo el mundo están llevando a cabo cerca de 1.300 proyectos de desarrollo local, que
oscilan desde la creación de centros modestos de alfabetización, pasando por campañas
de reforestación, hasta la instalación de dispensarios médicos y centros de
investigació'n medioambiental. La gran mayoría de los proyectos se llevan a cabo en
países del llamado Tercer Mundo.
Lo que distingue el enfoque bahá'í es la integración de los principios espirituales,
sociales y administrativos, descritos por Bahá'u'lláh hace más
de cien años. Sea cual sea la esfera particular a la que se refieran tales principios
-espiritualidad, ideas sociales, procedimientos administrativos- las perspectivas
aportadas resultan novedosas.
Tomadas en su conjunto, su impacto se ve multiplicado. Es más, los
bahá'ís están convencidos de que en las enseñanzas de Bahá'u'lláh se encuentra un
amplísimo instrumental especialmente apto para actuaciones colectivas, actuaciones que la
humanidad tendrá que emprender si desea sobrevivir y prosperar en la nueva era.
Las enseñanzas espirituales de Bahá'u'lláh
hacen hincapié en la autosuficiencia y valía personal, y promueven un tratamiento global
de los problemas sociales y de sus causas subyacentes. Pero quizá lo más destacable sea
el hecho de que las enseñanzas de Bahá'u'iláh enlazan con los elementos más profundos
de la naturaleza humana -elementos que son espirituales por naturaleza-, y en esa medida
sacan provecho del poder motivador que anida en el espíritu humano.
Las enseñanzas sociales de Bahá'u'lláh
establecen un patrón de conducta y de acción acorde con los más nobles ideales y
aspiraciones de la sociedad moderna. En ellas se encuentra reflejada la justicia y pueden
fundarse aplicaciones prácticas para la resolución de los problemas sociales.
Por ejemplo, los esfuerzos por mitigar la pobreza no pueden aislarse de
otras actividades destinadas a la promoción de la mujer. La gran mayoría de los pobres
del mundo son mujeres y niños. En muchos países en vías de desarrollo, especialmente
los africanos, las campesinas cultivan la mayor parte del alimento. Desde el punto de
vista bahá'í parece lógico pensar que toda mejora del abastecimiento en estas regiones
dependa de la mejora del estatus de la mujer. Otros temas relacionados con el medio
ambiente y el desarrollo encuentran solución al abordar otros problemas como el racismo,
la falta de educación y la contienda religiosa.
El orden administrativo creado por Bahá'u'lláh
conlleva, asimismo, un nuevo modo de actuar en sociedad. El entramado mundial que forman
los consejos bahá'ís locales, nacionales e internacional de gobierno aportan un nuevo
modelo descentralizado de administración. Lo dicho resulta particularmente cierto en el
caso de las Asambleas Espirituales Locales, auténticos órganos de base en los que se
adoptan decisiones con respecto al desarrollo.
Además, los procedimientos de consulta, tal y como son practicados por
los bahá'ís, pueden ser aplicados a una gran variedad de situaciones con vistas a
estimular la colaboración y el desarrollo social. [Véase pág. 43,
sobre la Consulta.]