os bahá'ís creen que el rasgo característico de la Fe Bahá'í,
la unidad, se debe a la promesa expresa que Dios ha hecho a la humanidad por la que
asegura la continuidad de la guía espiritual a la muerte de Bahá'u'lláh. Esta promesa
suele conocerse como el Convenio o la Alianza.Por supuesto, la idea de un Convenio
entre Dios y la humanidad resulta familiar a los seguidores de otras religiones. Muchos
judíos creen que Dios ha establecido un Convenio con ellos por el que ha prometido
guiarlos siempre que cumplan Sus leyes. Asimismo, son muchos los cristianos que creen que
Jesús estableció una alianza similar con Sus seguidores.
Para los bahá'ís el Convenio establecido por Bahá'u'lláh
supone tanto una confirmación de la promesa de que Dios guiaría a la humanidad, como un
sistema garante de la continuidad. En concreto, el Convenio se identifica con la sucesión
de Bahá'u'lláh, según queda establecida en Su Testamento. Esta línea pasa de
Bahá'u'lláh a Su hijo, 'Abdu'l-Bahá, y a continuación de 'Abdu'I-Bahá a Shoghi
Effendi, y de ahí a la Casa Universal de Justicia.
Ser fiel a la alianza de Bahá'u'lláh es serle obediente como Mensajero de Dios. Ello
entraña aceptar la autoridad de los sucesores designados y adherirse a las estipulaciones
que dejó para el avance de Su Fe. Romper el Convenio es rechazar o tratar deliberadamente
de usurpar o minar la autoridad que Bahá'u'lláh ha establecido a
la par que se hace profesión de ser bahá'í. Tal acción constituye un ataque a la
unidad, que es el sello distintivo de la Fe.
Quienquiera que persista en esta clase de conducta es conocido como violador del
Convenio y en cuanto tal se le deniega entrada en la comunidad bahá'í. Tal persona puede
ser readmitida si muestra auténtico arrepentimiento.
Los errores morales, por ejemplo no ajustarse al patrón de vida bahá'í, no suponen
ruptura del Convenio.