En esencia, la
consulta procura construir el consenso de una manera que una a las partes antes que
dividirlas. Anima a la expresión de la diversidad de opiniones y actúa para controlar la
lucha por el poder, tan común en los sistemas tradicionales de toma de decisiones.
La consulta bahá'í está basada en los siguientes principios:
Debe hacerse acopio de información de
las fuentes más variadas y buscando la diversidad de puntos de vista. Ello significa
hacer esfuerzos especiales por consultar a expertos tales como abogados, doctores,
científicos. También significa buscar información fuera de las especialidades
tradicionales o bien esmerarse por atender a los puntos de vista expresados por los
miembros de la comunidad de las más diversas procedencias.
Durante las discusiones los
participantes deben esforzarse por ser tan francos como sea posible, pero siempre
manteniendo un interés genuino por los puntos de vista ajenos. Los ataques personales,
lanzar un ultimátum o proferir afirmaciones prejuiciadas son actos particularmente
aborrecibles.
Al presentarse una idea, ésta pasa a
ser propiedad de todo el grupo. Aunque simple en apariencia, quizá sea este concepto el
más profundo de toda la consulta. De acuerdo con esta regla todas las ideas dejan de ser
la propiedad de un individuo, subgrupo o sector de interesados. Cuando este principio es
debidamente seguido, se facilita que surjan ideas motivadas por un deseo sincero de
servir, frente a posibles ideas que emanen de un deseo de engrandecimiento personal o
afán de crear escuela.
El grupo se esfuerza por lograr la
unanimidad, pero un voto por mayoría puede ser suficiente para llevar adelante una
decisión. Un aspecto importante de este principio es comprender que una vez que una
decisión está tornada, incumbe a todo el grupo actuar con unidad, prescindiendo de
cuántos apoyaron la medida en su momento.
En este sentido, en la consulta no caben Informes particulares" de
la minoría o "tornas de postura de la oposición". Al contrario, los bahá'ís
creen que si una decisión está descaminada, el hecho mismo se hará evidente en la fase
de ejecución, pero sólo a condición de que el grupo que adopta la decisión y, por
supuesto, la comunidad en su conjunto le extiendan su apoyo sincero.
Este compromiso con la unidad garantiza que si la decisión fracasa, la
culpa sea atribuible a la idea misma, y no a la falta de apoyo de la comunidad o a la
acción obstinada de sus oponentes.