l igual que en las
demás religiones, el concepto bahá'í de la vida después de la muerte está firmemente
arraigado en las enseñanzas sobre la naturaleza del alma y sobre el objetivo de esta vida
terrenal.
Bahá'u'lláh ha confirmado la existencia en
todo ser humano de un alma racional y diferenciada. En esta vida -afírma- el alma se
relaciona con el cuerpo físico. El alma es el punto focal del amor y de la compasión, de
la fe y del valor, así como de otras cualidades que no podrían explicarse si diéramos
en concebir al hombre como animal o máquina orgánica sofísticada.
El alma no perece; perdura eternamente. Cuando el cuerpo humano muere,
el alma queda liberada de los lazos que la atan al cuerpo físico y su entorno material.
Da comienzo entonces la singladura del alma a través del mundo espiritual. Los bahá'ís
entienden que el mundo espiritual, aunque exento de espacio y tiempo, es una extensión de
este universo, no un lugar fisicamente remoto.
La entrada en la otra vida puede traer gran alegría. Bahá'u'lláh compara la muerte con el acto de nacer. Y así explica:
"El más allá es diferente de este mundo, del mismo modo que este mundo es diferente
del que conoce el feto en la matriz de la madre".
La analogía con la matriz resume el punto de vista bahá'í sobre la
existencia terrestre. Del mismo modo que la matriz constituye un lugar importantísimo
para las primeras etapas del desarrollo físico de la persona, del mismo modo el mundo
físico constituye la matriz en la que se desarrolla el alma individual. Según eso, los
bahá'ís ven la vida como una especie de taller donde cada persona es libre de
desarrollar y perfeccionar las cualidades que habrá de necesitar en la vida siguiente.
, escribe Bahá'u'lláh. "¡Por
la rectitud de Dios! Alcanzará tal estación como ninguna pluma y ninguna lengua pueden
describir".
En última instancia, el cielo puede ser visto como cercanía a Dios;
el infierno sería el estado de alejamiento respecto de Dios. Cada estado constituye una
consecuencia de los esfuerzos individuales -o de su ausencia- por desarrollarse
espiritualmente. La llave que permite el progreso espiritual consiste en seguir el sendero
marcado por las Manifestaciones de Dios.
Más allá de esto, la naturaleza de la vida
después de la muerte continúa siendo un misterio. "La naturaleza del alma después
de la muerte no puede describirse", escribe Bahá'u'lláh.