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| Bahá'u'lláh--exilio |
| Bahá'u'lláh dejó la
mazmorra para emprender un exilio que Le llevaría fuera de Su tierra natal y que habría
de durar cuarenta años. Su primer destino fue Bagdad. Al cabo de un año Bahá'u'lláh
emprendió el camino hacia las desoladas montañas del Kurdistán, en donde vivió dos
años de meditación solitaria.
Este período recuerda en muchos aspectos la reclusión de los
Fundadores de otras religiones: las caminatas de Buda, los cuarenta días y noches de
Cristo en el desierto, y el retiro de Muhammad en la cueva del Monte Hira.
En 1856, a instancias de los exiliados babíes, Bahá'u'lláh regresaba
a Bagdad. Bajo Su jefatura renovada, el prestigio de la comunidad babí empezó a crecer.
La reputación de Bahá'u'lláh como guía espiritual se divulgó por toda la ciudad. Por
ello, y temiendo que Su popularidad reenardeciese los ánimos de la comunidad babí de
Persia, el Gobierno del Shah logró que las autoridades otomanas dieran orden de enviarlo
a tierras aún más distantes.
En abril de 1863, antes de abandonar Bagdad, Bahá'u'lláh y Sus
compañeros acampaban en un jardín situado a la vera del Tigris. Desde el 21 de aquel mes
hasta el 2 de mayo, Bahá'u'lláh proclamó a los babíes de su entorno que Él era el
Prometido predicho por el Báb y, de hecho, por las Sagradas Escrituras de la humanidad.
El jardín recibiría el nombre de "Ridván", palabra que en
árabe significa "paraíso". El aniversario de los doce días allí
transcurridos, conocidos como "la Fiesta de Ridván", constituye la celebración
más gozosa del calendario bahá'í.
El 3 de mayo de 1863, rodeado de Su familia y algunos compañeros
escogidos, Bahá'u'lláh partió de Bagdad camino de Estambul, capital del Imperio
Otomano. En aquel momento Bahá'u'lláh era ya una figura que gozaba de enorme prestigio y
afecto popular. Los relatos procedentes de los testigos oculares nos han dejado una
descripción conmovedora de la partida, donde se mezclan las lágrimas de los espectadores
y el tributo de honor que le rindieron las autoridades.
"Nunca he aspirado a la jefatura terrenal. Mi único propósito ha sido
entregar a los bombres lo que Dios me ha encomendado ". --Bahá'u'lláh |
Al cabo
de cuatro meses de estancia en Estambul, Bahá'u'lláh fue enviado en calidad de
prisionero a Adrianópolis (la actual Edirne), adonde llegó el 2 de diciembre de 1863. En
el curso de los cinco años que permaneció en dicha ciudad, la reputación de
Bahá'u'lláh no dejó de extenderse, como bien prueba el intenso interés que suscitó Su
persona entre los círculos de estudiosos, diplómaticos y altos funcionarios de la
administración.
Hacia septiembre de 1867 Bahá'u'lláh empezó a escribir una serie de
epístolas dirigidas a los dirigentes de la época, entre ellos, el emperador Napoleón
III, la reina Victoria, el káiser Guillermo I, el zar Alejandro II de
Rusia, el emperador Francisco José, el papa Pío IX, el sultán
Abdul-Aziz y el shah de Persia Nasirid-Din.
En ellas, Bahá'u'lláh proclama abiertamente Su condición y habla del
advenimiento de una nueva era. Pero, antes que nada, advierte que el orden social del
mundo iba a sufrir trastornos catastróficos sin parangón. A fin de paliarlos -es Su
apremiante mensaje- los gobernantes del mundo debían conducirse con justicia. Apeló a
estos grandes mandatarios para que redujeran sus arsenales y estableciesen cierta
asociación de naciones. Para alcanzar una paz duradera sólo cabía un remedio: actuar
conjuntamente contra la guerra.
Ante las instigaciones continuas de la embajada persa, el Gobierno
turco decidió deshacerse de Bahá'u'lláh enviándolo a la fortaleza-prisión de Acre (la
antigua San Juan de Acre, Palestina, provincia de Siria). Por aquel entonces Acre era un
remoto confín al que solían ser enviados los asesinos, asaltantes de caminos y
disidentes políticos. Era una ciudad amurallada, de callejuelas estrechas y casas de
aspecto desolador; carecía de agua limpia y su aire, según la descripción popular, era
tan hediondo que al aspirarlo incluso las aves caían del cielo.
Fue en este paradero adonde vinieron a recalar Bahá'u'lláh y Su
familia el 31 de agosto de 1868 en lo que sería tramo final de su prolongado
exilio. Los 24 años subsiguientes habrían de transcurrir entre Acre y sus alrededores.
Al principio Bahá'u'lláh y Sus compañeros estuvieron confinados en el recinto de la
prisión. Más tarde se les permitió el traslado a una casa dentro de la ciudad donde
vivieron en condiciones de hacinamiento. Dada su fama de herejes peligrosos, su presencia
era objeto de la animosidad pública. Incluso sus hijos debían lanzarse a la fuga para
evitar ser apedreados.
Con el paso del tiempo, el espíritu de
Bahá'u'lláh y Sus enseñanzas lograron hacer mella en medio de tanta hostilidad, al
punto de que algunos de los gobernadores y clérigos de la ciudad llegaron a convertirse
en devotos admiradores suyos. Al igual que aconteció en Bagdad y Adrianópolis, la talla
moral de Bahá'u'lláh fue haciéndose acreedora del respeto, afecto e incluso de una
posición de preeminencia social.
Acre fue además el lugar donde
Bahá'u'lláh compuso su obra capital, más conocida entre los bahá'ís por su
denominación persa, el Kitábi-Aqdas (El libro más sagrado). En ella se describen
brevemente las leyes y principios esenciales que han de seguir Sus seguidores; asimismo en
la obra quedan trazadas las líneas maestras de la administración bahá'í [Véase pág. 25]
En los últimos años de la década de los 70, Bahá'u'lláh quedó en
libertad de trasladarse a vivir fuera del recinto amurallado, en un lugar donde Sus
seguidores podían visitarle con relativa paz y
seguridad. Bahá'u'lláh fijó su residencia en una mansión abandonada, conocida como
Bahjí, en cuyo retiro pudo dedicar Sus días a la escritura.
Bahá'u'lláh falleció el 29 de
mayo de 1892. Sus restos fueron inhumados en una habitación ajardinada contigua a la
mansión. Para los bahá'ís éste es el lugar más sagrado de la tierra.
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" Texto tomado de Los
Bahá'ís, publicación de la Comunidad Internacional Bahá'í ". |
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| Tras su llegada a Acre
Bahá'u'lláh Su Familia quedaron confinados en esta prisión a orillas del Mediterráneo. |
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| Mapa ilustrativo de la ruta del
exilio de Bahá'u'lláh. |
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| La mansión de Bahjí, el lugar
más sagrado de la Fe Bahá'í, recibe anualmente la visita de miles de peregrinos
bahá'ís. La casita ajardinada, a la derecha de la mansión, es su centro de
atención: ahí es donde reposan los restos mortales de Bahá'u'lláh.La mansión de
Bahjí, el lugar más sagrado de la Fe Bahá'í, recibe anualmente la visita de miles de
peregrinos bahá'ís. La casita ajardinada, a la derecha de la mansión, es su
centro de atención: ahí es donde reposan los restos mortales de Bahá'u'lláh. |
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