Esta misma atmósfera fue el escenario del
acontecimiento más extraño y deseado de cuantos puedan ocurrir: fue allí donde un ser
mortal, un hombre externamente como los demás, fue llamado por Dios a ser portador de una
nueva revelación religiosa.
Corría el año 1852, ese hombre era un noble persa conocido hoy como
Bahá'u'lláh. Durante el encarcelamiento, mientras sus pies eran presa del cepo y de su
cuello pendía una cadena de 35 kilogramos, Bahá'u'lláh tuvo una visión de la voluntad
de Dios para la humanidad.
El acontecimiento cabe ser comparado con esos momentos estelares del
pasado en que Dios se reveló a Sus Mensajeros: cuando Moisés se acercó a la Zarza
Ardiente, cuando Buda recibió su primera iluminación debajo del árbol del Bodhi; cuando
el Espíritu Santo se posó en forma de paloma sobre Jesús; o cuando el arcángel Gabriel
se apareció a Muhammad.
La experiencia del Pozo Negro marcó el inicio de un período de
revelación religiosa en que Bahá'u'lláh, durante cuarenta años, había de revelar
infinidad de libros, tablas y epístolas que hoy forman el núcleo de las escrituras
sagradas de la Fe Bahá'í. En esos escritos está contenido el armazón que ha de
propiciar la reconstrucción espiritual, moral, económica y política de la sociedad.
En el pasado, los Mensajeros de Dios se dieron a conocer mediante la
palabra y la predicación. Tales efusiones fueron registradas por otras personas, a veces
en vida del Profeta; otras veces, ya con posterioridad, partiendo de los recuerdos de Sus
seguidores. En el caso del Fundador de la Fe Bahá'í, sin embargo, fue Él mismo Quien de
Su puño y letra escribió el texto revelado o bien lo dictó a creyentes que hacían
servicio como amanuenses.
Además de responder a las preguntas teológicas y filosóficas que
desde hace milenios tanto han preocupado a la humanidad (¿Quién es Dios?, ¿qué es el
bien?, ¿por qué estamos aquí?), Bahá'u'lláh también da respuesta a las preguntas que
se plantean los pensadores contemporáneos: ¿Qué motiva al hombre?, ¿es posible una paz
auténtica?, ¿se preocupa Dios todavía de la humanidad?
Bahá'u'lláh, cuyo nombre significa en árabe "La Gloria de
Dios", nació el 12 de noviembre de 1817 en Teherán. Era hijo de Mirzá
Buzurg-i-Núrí, un acaudalado ministro del Gobierno. El nombre de Bahá'u'lláh era
Husayn-'Ali y el origen de Sus ancestros se remontaba a las grandes dinastías del pasado
imperial. Durante Su juventud Bahá'u'lláh disfrutó de una vida principesca y de una
educación centrada en la equitación, la esgrima, la caligrafía y la poesía clásica.
En octubre de 1835, Bahá'u'lláh contrajo matrimonio con Ásíyih
Khánum, hija de otro noble de quien tuvo tres hijos: un varón, 'Abdu'I-Bahá, nacido en
1844; una hija, Bahíyyih, nacida en 1846; y otro varón, Mihdí, nacido en 1848.
Bahá'u'lláh, tras declinar la carrera ministerial que tenía ante
Sí, escogió consagrar todas Sus fuerzas a la beneficencia, lo que ya a comienzos de la
década de 1840 le valió ser conocido como "Padre de los pobres". En 1844 esta
existencia privilegiada cambió repentinamente de signo: Bahá'u'lláh se había
convertido en uno de los grandes defensores del movimiento babí.
El movimiento babí, precursor de la Fe Bahá'í, barrió Irán como un
torbellino, atrayendo sobre sí la persecución feroz del clero. Tras la ejecución de su
Fundador, el Báb, Bahá'u'lláh fue arrestado para ser conducido, encadenado y a pie,
hasta Teherán. Allí algunos cortesanos y clérigos influyentes solicitaron la pena de
muerte. Pero la vida de Bahá'u'lláh quedó a resguardo gracias a Su reputación
personal, la posición social de Su familia y las protestas de algunas embajadas
occidentales.